lunes, 5 de agosto de 2013

Soñar con recuerdos

Soñar o recordar.
Soñar, recordar y soltarlo todo aquí.
Aunque, siendo totalmente sincera, siempre estoy soñando. Más despierta que dormida. Ya que los sueños dormida nadie es capaz de controlarlos y los míos siempre son tan extraños que al despertar, nunca los recuerdo, y llega a ser realmente frustrante.
Y a la vez que sueño, regreso 6 meses atrás.
Nisiquiera diré día, ni fecha, ya que tan solo estoy improvisando recuerdos. 
Estaba enamorada. Era como estar en la luna dando saltos, riendo a cada momento.O en las nubes. Cada uno tiene su límite. Pero yo cada vez ascendía más y más con él. ¿Sabéis eso de los límites? yo con él, era gracioso, pero me ponía cientos. Uno de ellos era decir "te quiero demasiado". Recuerdo que una vez le dije eso y me dijo:

"¿Siempre tienes que ponerle un límite a todo?" 

Y yo pensé: "es que si te quiero más, no sé qué será de mí", pero no llegué a decírselo, como muchas otras cosas que pensaba y me callaba. No es que me diese vergüenza, ni nada por el estilo, pero creo que estaba bien que él no fuese consciente de todo lo que sentía, a pesar de saber que estaba enamorada "hasta las trancas", como me dijo él mismo una noche en la que las inseguridades me atrapaban, e hizo todo lo posible por hacerme entrar en razón y dejar mis miedos de lado. Eso se le daba realmente bien, a la vez, que en otros momentos, demasiado mal. 
Algunas noches, en cambio, me guardaba esos miedos yo sola, y el nudo en la garganta aumentaba hasta derrumbarme en la oscuridad de mi habitación, sola y todo se veía oscuro, en escala de grises. Y mi única vía de escape era escribirle. Escritos que jamás llegó a ver, ni yo volví a releer. Me limité a destrozarlo todo en cuanto él desapareció. Y aún tengo algunos trozos de papel guardados en una caja. A veces los miro y me traslado a otro mundo, a esos tiempos y he llegado a sonreír. Pero tan solo es otro modo de autodestrucción, a pesar de que yo ya esté bien, más fuerte que nunca y haya asumido que las cosas han cambiado mucho desde aquello, y de verdad, no miento al decir que estoy bien, no tengo motivos para mentir, pero no negaré que de vez en cuando, en esos típicos bajones nocturnos que nos dan a todos en los que lloro sin más sentada en la cama, sin razón, me acuerdo de él y en aquellos momentos, sí duele. Y duele mucho. Pero se me pasa rápidamente y después me río, pensando en lo tonta que soy por llorar por ello.
Quizá mis sueños, tras todos estos meses, hayan ido evolucionando y ya no sean tan inocentes como lo fueron. Creo que nisiquiera son tan mágicos y mucho menos esenciales. Tan solo me dedico a vivir, ver pasar el tiempo, hacer lo que todos hacen. Pero, no soy infeliz, y eso es lo que cuenta, ¿no?

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