sábado, 5 de octubre de 2013

Cuando no estás

Cuando no estás, por las mañanas, una parte de mí se queda durmiendo profundamente en la cama, tapada hasta arriba, agarrada a las sábanas con fuerzas susurrando dormida "no quiero levantarme" y ahí se queda. Todas las mañanas. Será la parte de mí que te regalé pero que me devolviste algo rota y descuidada, por eso tendrá que quedarse allí en la cama, descansando y recuperándose.

Cuando no estás, por las noches, suelo dejar la luz encendida hasta que me entra el sueño y apago el portátil o dejo el móvil a un lado. No me gusta estar a oscuras cuando no hablo contigo, será por aquello de lo que hablábamos, de que estar contigo a oscuras me daría de todo menos miedo. Y es cierto, pero cuando te escribo, no soy capaz de mantenerla encendida. Será que siento tu presencia aquí a un lado, leyéndome, en silencio, con expresión seria, entrecerrando los ojos como siempre haces al leer, jugueteando con tu labio inferior de vez en cuando, soltando esa risa floja, suspirando con fuerza como haces. Son pequeños detalles en los que me fui fijando sin decir palabra, sin mencionártelos, porque eran insignificantes tesoros que guardé para mí, y esas tonterías.

Cuando no estás, por las tardes, imagino que llegas a las ocho, como hace unos meses, con energía y a la vez quejándote de lo mucho que odias ir a ese sitio, diciendo que me echaste de menos, que habías estado pensando en mí y que si aquella noche me quedaría hasta tarde hablando contigo, porque tenías muchas ganas de hablar, conmigo. Y que de repente me soltabas un te quiero sin venir a cuento y yo te preguntaba haciéndome la tonta "¿por qué? ¿para qué?" y tú te limitabas a decir "porque sí". Y no lo notabas, pero yo quería reír. Reír mucho. "Yo también te quiero", pensaba.


Cuando no estás, la mayoría del tiempo, pienso en ti, deseando no hacerlo. Y no pierdo esas ganas de volver a besarte, de esos besos tímidos que se convertían en un paraíso, de oír un buenos días o un buenas noches de tus labios, de tus mordiscos por el cuello, de esas veces en las que te apoyabas en mi pecho y me mirabas desde arriba sonriendo sin decir palabra,  de esos abrazos fuertes que me dabas cuando veías que estaba a punto de romperme. Como aquella vez que estaba triste y me preguntaste si podías abrazarme y te respondí que sí, sin pensarlo, y lo hiciste, me abrazaste con fuerza y yo simplemente me abandoné a tus brazos, olvidándome de todo por lo que estaba mal. Es gracioso, porque seguramente nisiquiera recuerdes ese momento, como muchos otros, pero yo los fui recopilando todos en un rincón de mi memoria para un día como éste, recordarlo y sonreír, que no quiere decir que no duela, claro que duele, pero me gusta. Y por lo menos sé que me quisiste...a tu manera, pero lo hiciste.


Y... cuando no estás, creo que yo tampoco estoy. 

2 comentarios:

  1. Es... Precioso. Además, tan bien estructurado, tan bien escrito...
    Me he pasado por tu Twitter y también es una maravilla.
    Que vales, chica.

    http://www.azucarycenizas.blogspot.com.es

    ResponderEliminar
  2. "Cuando no estás, creo que yo tampoco estoy"
    Has hecho a alguien sentir de nuevo que alguien siente como ella.
    Gracias.

    ResponderEliminar