lunes, 7 de diciembre de 2015

Caminos sin música

Hoy iba caminando cuesta abajo bajo la lluvia y una capucha inservible que me calaba la cabeza, me congelaba las ideas, y mi música rebotando contra mis oídos y mis sentimientos. No sé cuánto camino llevaría andado pero de repente la música dejó de sonar. Maldita batería. Y fue entonces cuando comenzaron mis pensamientos a despertarse y mi cabeza a descongelarse. Aquello que siempre evito cuando pongo una de mis canciones favoritas, aquello que escondo en los escondites de mi mente para que no alboroten mis planes. 

Qué tristeza tan profunda sentí de repente… Y comencé a pensar en aquellos que estuvieron y ya no están, en aquella persona que estuvo hace años, que ya no está ni estará y que marcó tanto mi yo de ahora. O eso quiero creer, si no, no me explicaría mucho de lo que fui después de su patético y fugaz paso por mi vida. Qué revolución.

Pensaba y pensaba y en mi cabeza se formaban ríos de lágrimas nunca llegadas a su destino y tormentas de sentimientos que jamás vieron la luz. Siempre he pensado que aquello que sentí no podía ser amor, que aquello no era para mí. Siempre he tenido un miedo profundo a no volverme loca de amor. Siempre he tenido miedo a quedarme en este estado de cordura y no sentir esa pasión desenfrenada que cuentan los libros y las películas que se siente cuando el corazón tiene de motor a un chico con nombre y apellidos y una sonrisa irresistible. Siempre que me han preguntado qué sueños tengo, he hablado de metas profesionales, económicas… pero jamás me he atrevido a decir “quiero amar”. Y no sé si es el miedo, no sé si es la incapacidad, si es que aún no llegó “él”… no lo sé. Pero hoy con certeza, tras esa caminata sin música y sin esperanza en mi propio corazón, supe que el amor sería una de mis metas. Pero supongo que no basta con querer amar y darlo todo por una persona, supongo que también se trata de ese amor mutuo. Y nunca había sentido tan adentro aquella frase de “prefiero sufrir a no sentir nada” (o algo así…). Y no niego que me gustaría dar con esa persona que me entienda con besos, que me sonría con los ojos, que me hable sin decir. Son cosas con las que todos soñamos en nuestro inconsciente y solo los atrevidos en su consciente.


Necesito deshacerme de este vacío, pero también sé que necesito aprender a ser feliz con mi propia compañía, porque cada día tengo más claro que soy mi propia mejor amiga y que nunca estaré sola si estoy conmigo. Pero mi esencia no cambiará, sé que este mar de caos y letras jamás cesará, está en mí, soy yo.