miércoles, 23 de octubre de 2013

Semáforos

Hoy tengo ganas de escribir. Pero de escribirme a mí. Sólo a mí. Como quien tiene una conversación con su subconsciente en un momento cualquiera, en un lugar cualquiera. Como cuando subo al bus y me doy cuenta de que he olvidado los cascos en casa y no tengo más remedio que apoyar la cabeza en la ventanilla y escuchar conversaciones absurdas de los de delante, o los de atrás, intentando evitarlo, comenzando a pensar. Pensar en todo lo que está ocurriendo en mi vida. Pensar en todo lo que perdí y todo lo que estoy ganando. En lo bonito que fue llorar de felicidad así como lo amargo que fue llorar por habernos perdido. En lo rápido que aprendí a vivir sin esa persona, o eso creía, hasta que descubrí un día, de esos días que piensas que todo va bien, de repente se te cae el mundo encima y tienes que subir corriendo a tu habitación porque no quieres echarte a llorar delante de todos. Pensar en lo feo que fue besar a alguien y no sentir nada, que de repente se me viniese su rostro a mi mente y tener que haberme ido de allí rápidamente poniendo la excusa de que se me hacía tarde, cuando en realidad para lo único que se me hacía tarde era para volver a ser feliz. Pensar en lo divertido que sería no haber cogido ese bus y quedarnos dando tumbos por la ciudad riendo sin parar, apagando los móviles. Y sin importarnos las circunstancias, cruzar la calle sin mirar y con el semáforo en rojo. Pero de la mano.  

1 comentario: